• COVID-19

    Debido a la situación planteada por la pandemia y las necesidades crecientes de las personas usuarias a las que atendemos en la Misión, hemos incrementado en ambos centros la cantidad de alimentos que se están entregando. Concretamente, en la actualidad, estamos atendiendo semanalmente a 150 familias en el centro de la calle Calvario y a 100 en el de San Blas. Read More
  • CAMPAÑA SOLIDARIA PROYECTO: Ni un bebé sin leche.

    Puedes ayudarnos a cumplir con este propósito. Si quieres, puedes hacer tu donación para adquirir leche maternizada y/o pañales a través de la pagina de gofundme, haciendo click sobre la imagen o el título de esta noticia. Read More
  • Carta de Oración

    Acceda al texto de la Carta de Oración correspondiente al segundo trimestre de este año, haciendo click sobre la imagen o el título de esta noticia. Read More
  • Buenas Noticias TV

    Haciendo Click sobre la imagen o el título de esta noticia, podrá acceder al programa que Televisión Española emitió sobre la actividad intercultural con mujeres que organizó la Misión. Read More
  • Donaciones y Ayudas

    Haga Click sobre la imagen o el título de esta noticia para acceder a una información importante respecto de la identificación de las donaciones y las desgravaciones a que tiene derecho por las donaciones o ayudas que efectúe a la Misión. Read More
  • Voluntarios

    Nuestra entidad necesita voluntarios. Si deseas colaborar en los diferentes programas de la Misión, haz click en la imagen o en el título de esta noticia para obtener más información. Read More
  • Guía de Servicios del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social

    Haga click sobre la imagen o el título de esta noticia para acceder a la Guía de Recursos Sociales del Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social. Read More
  • 1
  • 2
  • 3
  • 4
  • 5
  • 6
  • 7

Facebook Misión                                                                                                                                                                                                                   síganos en:  

         EL OTRO VIRUS

 

Parece un poco pronto para anunciar ya otro virus, aunque los científicos y otros prohombres de nuestro tiempo como Bill Gates ya nos lo han anticipado. Pero no se trata, aquí, de jugar nosotros a visionarios ni a falsos profetas.

          Se trata de pensar en el que vino acompañando al SARS-CoV-2. Las Bolsas mundiales reflejaron alivio económico al conocer la noticia de la primera vacuna, la de Pfizer, a punto de empezar a aplicarse en occidente. Reino Unido ya la está inyectando a personas de riesgo, lo que nos permitirá conocer pronto sus efectos, tanto positivos como adversos.  Ese alivio que advirtieron las Bolsas, los intermediarios financieros y los especuladores no parece que haya convencido mucho a la población mundial. No sólo los negacionistas, sino un gran número de personas desconfía de unos resultados lo suficientemente positivos a corto plazo como para regresar al ansiado mundo feliz. Algo así, como si la vacuna no lo fuese todo.

          Resulta evidente que el virus nos trajo una infección que desemboca en múltiples manifestaciones de enfermedades asociadas, y de alcances desconocidos. Parece que ningún órgano del cuerpo humano le es ajeno. Riñón, pulmón, corazón, ojos, cerebro, hígado y una retahíla, que es mejor no consultar en Google. Como todas las enfermedades y todas las alteraciones que acusa el cuerpo humano, esta no tiene sólo un alcance somático. También lo tiene en lo emocional, en la inteligencia, en lo moral y en la espiritualidad del ser humano, sea cual sea su condición.

          Seguramente para cuando empecemos a vacunarnos en España (siempre hemos llegado tarde a todo) podremos comparar el después con el antes. Y nos vayamos dando cuenta de aquellas consecuencias que la vacuna no libra. El número de contagiados reconocidos en el mundo no incluirá al total de contagiados asintomáticos. Y el total nos será siempre desconocido. Los cuadro clínicos del conjunto de la humanidad irán, en un futuro, revelando el alcance de los efectos del virus y del número aproximado de afectados. Pero, incluso en la parte de no contagiados, las consecuencias no somáticas son y serán visibles y para ellas no parece que haya, ni vaya a haber, vacuna.

          Tras la crisis de Lehman Brothers en 2008 y su reflejo en la economía española en 2009 todos clamábamos por el fin de la crisis, y ya se nos advertía con aquello de: ¿para volver a hacer lo mismo que antes? Un, no aprendemos.

          Corremos un serio riesgo de que el virus saque, además de lo mejor de nosotros (desarrollo científico), lo peor de nosotros (una adaptación inhumana a un medio tan adverso). La capacidad de supervivencia es inagotable, sorprendente e imprevisible. Los criterios utilitaristas que aplica a nuestras decisiones la naturaleza caída, en unos y en otros, hacen estragos. Este otro virus, el que genera deshumanización en tantas esferas de la vida, no encuentra antídoto adecuado en la vacuna. Y también clamaremos para que todo esto termine, aunque nos suceda como en 2008-2009: ¡no aprendemos!

          Hacer un repaso de todas aquellas cosas que humanamente hemos ido cambiando al paso del virus, rindiéndonos al sistema, nos dará una imagen bastante deformada del hombre que Dios creó. Deformación que nos aleja del modelo. De su imagen. ¡Y cuidadín con el otro modelo!

          De cuántas cosas voy a tener que dar cuenta. De cuántas cosas, todavía, me tiene que librar el Señor. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros (Romanos 5:8).

 

La mejor salsa del mundo, explicaba Teresa Panza a su marido Sancho[i], es el hambre, y como esa no falta a los pobres, siempre comen con gusto. De siempre se ha reconocido a la ironía y al humor como signos de inteligencia. Cervantes, aunque sobrado de ella, elegantemente la expresaba por boca de personajes de apariencia simplona como Sancho Panza y su mujer.

Con ironía subraya, algo tan obvio como, que el hambre abre el apetito. Y con humor, que el hambre es algo que no falta en la casa del pobre. Aunque en esa casa sí que falten todas las demás cosas.

Recuerdo, en otros tiempos, haber oído aquello de “estar ayunos de…” Ayunar a la fuerza y no por vocación piadosa. Era una formula un tanto cursi que abría el abanico de las cosas que escaseaban, o que faltaban, en la casa del pobre además de la comida.

Aunque estos tiempos se han vuelto de escasez para gran parte de la población, ya vivimos antes otros de grandes carencias. Recordemos cuando los sastres daban la vuelta a los abrigos, y a la siguiente oportunidad los convertían en chaquetas. Todavía se puede ver en algún taller de costura a un maniquí con una mitad de la prenda vieja y deteriorada y la otra mitad ya una vez reformada. Ayunos de ropa, los niños usábamos los jerséis con tres largos de manga, un año cubría hasta la mitad de la mano, otro nos estaba bien, y al siguiente nos estaba justito (que se decía, y eso significaba que se quedaba tres o cuatro dedos por encima de la muñeca).

El hambre no falta a los pobres. Nuestro personaje, seguramente,  diría que les falta todo lo demás. Que están ayunos de casi todo lo que dignifica al ser humano. De oportunidades y de medios.

Continuar leyendo

 

Me despabilé de una cabezadita con la pegadiza musiquilla de esa canción que cantaban hace algún tiempo Alaska y su grupo, la que dice en el estribillo: A quién le importa lo que yo haga; a quién le importa lo que yo diga…

La canción reivindica el derecho a la propia diferencia, a mí diversidad, a ser distinto, sin que nadie tenga el derecho a cambiarme, “nunca cambiare”, ni a hacerme volver al redil. Pero, no era el fondo de la canción lo que centraba mi  atención sino, tan solo, cuatro palabras. A quién le importa.

A quién le importa lo que a mí me pase. Dicho así puede parecer egoísta. A mí me importa, me importa mucho, y no veo que a la gente le importe lo que a mí me importa. O a determinada gente, esos que se lo guisan y, por supuesto, se lo comen todo ellos solitos. El Señor Jesucristo usó con los fariseos una frase tan gráfica como cruel: “”los que devoráis las casas de las viudas””. Y aun así no quisieron entender. Cerraron sus corazones.

Hace cinco meses los telediarios se llenaron de “las colas del hambre de Aluche”. Y fue una campaña muy buena y eficaz porque las colas del hambre ya han desaparecido. Sí, han desaparecido de los informativos. Y eso es casi tanto como no haberlas ya. Pero haberlas, haylas. Claro que haylas.

Hace unas semanas nos hablaban de los ERTE sin cobrar. Y parece que esto también se haya arreglado, porque se está dejando de hablar de ello. Ahora toca hablar de los colegios que se cierran por la mala gestión de las autoridades, la falta de previsión en la contratación de maestros, la falta de medios electrónicos para que los niños estudien on-line, etc. Tranquilos, que en un par de semanas también esto se habrá arreglado. Porque estará olvidado.

Continuar leyendo

 

Aunque ”El amor en los tiempos del cólera” sea el título de una novela romántica del Premio Nobel García Márquez, sirve bien -como titular- para ilustrarnos el momento presente. Tiempos de cólera en lo pandémico, de cólera en lo social, de cólera en lo económico pero sobre todo en lo anímico (trascendiendo a todo nuestro esquema emocional) con consecuencias en nuestra manera de entender y vivir la vida.

Cuántas expresiones de no entender se oyen cada día. De no entender lo que está pasando, ni lo que estamos haciendo, ni mucho menos cómo lo estamos haciendo. Un antiguo voluntario de Misión Urbana me decía la semana pasada: “Dios ya no contesta a mis oraciones. No entiendo por qué permite todo este dolor, ¡cómo a tanta gente inocente! Cómo puedo hablar yo y decir que Dios ama a las personas”.

Nuestro veterano amigo, y fiel creyente (hoy ya tiene más de ochenta años), que se dejó muchísimos días de su vida sirviendo al Señor en Misión Urbana, no expresa nada muy distinto de lo que sintamos o pensemos cualquiera de nosotros. Porque no tenemos mejores respuestas que él, para un mundo en crisis. Y la respuesta fácil, no sólo que no existe sino que, si la intentamos, no tiene más efecto que incendiar aún más a nuestro interlocutor. Por tanto, haremos bien en huir de ella y reconocer que nos hemos quedado sin palabras.

Entonces, ¿qué? Cuando nos quedamos sin palabras, ¿qué tenemos que hacer? ¿Replegarnos y huir? Recuerdo a un jefe que decía: ¿qué tenemos que hacer?, ¡hacer! Eso es lo que tenemos que hacer. Alguien pensará que esto es una simpleza. Porque, sí, hay que hacer, pero con propósito, dirección y orden. Pero eso es precisamente lo que Dios nos ha dado a cada hija e hijo suyo, propósito, dirección y orden para amar.

Continuar leyendo

  • 1
  • 2